Interrogantes sobre el cénit del petróleo

Un article de José Ardillo per a la revista “Argelaga”:

Interrogantes sobre el cénit del petróleo

De acuerdo, pero ¿y las predicciones a escala global?¿Se cumplirá inexorablemente el modelo predictivo de Hubbert? ¿Llegaremos al final de la curva descendente de la campana o, por el contrario, la industria mundial ha anticipado ya el recambio y se prepara para abandonar la extracción sin importarle si queda más o menos petróleo en los yacimientos? ¿Cuál es el comportamiento lógico o deducible de una industria cuando hablamos a escala del planeta y nos referimos a un recurso estratégico como es el petróleo? Es ahí donde se pone en juego la cuestión. Lo de menos es buscar la brillantez de un modelo predictivo, su grado de acierto. Lo que realmente importa es el sentido histórico y social que estamos dando a la cuestión del agotamiento de los recursos fósiles. Cuando miramos el problema desde la perspectiva mundial lo que debe preocuparnos es como la sociedad industrial está transformándose a medida que avanzamos en el desgaste de combustibles y materias primas.

(…)

Aquí empieza realmente la controversia. Para los escépticos del «peak oil» dos cosas son claras. Lo primero es que queda mucho más petróleo de lo que los «hubbertistas» estiman. Por tanto, no estamos ante una situación de emergencia. Y lo segundo: estas reservas de petróleo dejan tiempo suficiente para un «descenso» suave y razonado. La economía mundial sabrá adaptarse en las próximas décadas a un nuevo régimen energético: no será el petróleo, pues, el que nos abandone, será la sociedad industrial, con nuevas tecnologías y nuevas estrategias, la que abandonará el petróleo definitivamente. Los argumentos más economicistas insisten en que los mismos mecanismos financieros expulsarán gradualmente del mercado al petróleo e introducirán otras formas de energía que están ya en nuestro horizonte: biocombustibles, hidrógeno, carbón líquido. Y todo ello en base a una nueva automovilidad impulsada por la electricidad o el gas. Será una nueva época que ya se prepara.

 

Por el contrario, los defensores del «peak oil», en su versión lúgubre, hablan de un declive global de la producción que ya se ha dado, o que se dará dentro de muy poco, y que tomará por sorpresa a las naciones desarrolladas. Es decir, que el ritmo de extracción y producción no bastará para satisfacer una economía que, en ningún caso, habrá sabido dar los pasos para salir de su dependencia del petróleo. Los precios subirán vertiginosamente, lo que podría paralizar todo el sistema o llegar a situaciones de una tremenda tensión bélica. Será una nueva época, pero más bien de terror y miseria.

 

De un lado, los optimistas consideran que el mismo mercado y la iniciativa de los gobiernos están ya reubicando las necesidades energéticas. Que aún tenemos por delante cuarenta o cincuenta años para aflojar nuestra dependencia y reorientar la economía hacia la llamada sostenibilidad.

 

De otro lado, los hubbertianos pesimistas advierten que la sociedad industrial sufrirá un contundente descalabro por que los mercados continúan bombeando petróleo a toda mecha sin que las propuestas de recambio se consoliden.

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Por decirlo de otra forma: los más fieles al «peak oil» tienen motivos para desanimarse. Si esperaban un colapso súbito, tendrán más bien altibajos, frenazos, depresiones, dentro de un prolongado descenso que se parecerá más a un hundimiento interminable. Insistimos, buscar la exactitud del momento cenital se convierte en un pasatiempo cuando lo que realmente importa es analizar como Estados e industrias desdeñan las enormes dificultades que salen a su paso en la búsqueda de un petróleo cada vez más costoso.

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