La agricultura urbana no es un jardín

La agricultura urbana no es un jardín

Este sistema alimentario que algunos han venido en llamar nowherefood, ya sabemos al día de hoy que no es sostenible ni medioambiental ni socialmente. Se trata de una de las grandes causas de la crisis climática, y es responsable de entre el 44 % y el 57 % de las emisiones globales de gases invernadero, ni socialmente ya que es causante en muchos países del sur del desplazamiento de tierras dedicadas a la alimentación local para dedicarlas a productos de exportación poniendo en peligro su propia alimentación.

Esta globalización de la agricultura ha generado además un cambio enorme en la evolución de las propias ciudades, pasando de urbes de de tamaño medio, blandas, que crecían en función de los recursos locales disponibles, conectada con su entorno y permeable a lo rural, a otra de consistencia dura, aislada de su entorno rural y alimentario.

Sin embargo, en este momento sabemos que este modelo de ciudad de crecimiento desorbitado y desconectado de lo rural solo ha sido posible por un modelo económico basado en petróleo abundante y barato, y sabemos también que esto toca a su fin, por tanto estamos a las puertas de un proceso de transformación radical del sistema alimentario.

Un sistema que ya no podrá basarse en una energía barata derivada de combustibles fósiles, pero que por otro lado, deberá asegurar una alimentación sana, a un precio asequible para amplias capas de población y con una reducción radical de su impacto ambiental. Por tanto una alimentación basada en la proximidad y en la diversidad.

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Interrogantes sobre el cénit del petróleo

Un article de José Ardillo per a la revista “Argelaga”:

Interrogantes sobre el cénit del petróleo

De acuerdo, pero ¿y las predicciones a escala global?¿Se cumplirá inexorablemente el modelo predictivo de Hubbert? ¿Llegaremos al final de la curva descendente de la campana o, por el contrario, la industria mundial ha anticipado ya el recambio y se prepara para abandonar la extracción sin importarle si queda más o menos petróleo en los yacimientos? ¿Cuál es el comportamiento lógico o deducible de una industria cuando hablamos a escala del planeta y nos referimos a un recurso estratégico como es el petróleo? Es ahí donde se pone en juego la cuestión. Lo de menos es buscar la brillantez de un modelo predictivo, su grado de acierto. Lo que realmente importa es el sentido histórico y social que estamos dando a la cuestión del agotamiento de los recursos fósiles. Cuando miramos el problema desde la perspectiva mundial lo que debe preocuparnos es como la sociedad industrial está transformándose a medida que avanzamos en el desgaste de combustibles y materias primas.

(…)

Aquí empieza realmente la controversia. Para los escépticos del «peak oil» dos cosas son claras. Lo primero es que queda mucho más petróleo de lo que los «hubbertistas» estiman. Por tanto, no estamos ante una situación de emergencia. Y lo segundo: estas reservas de petróleo dejan tiempo suficiente para un «descenso» suave y razonado. La economía mundial sabrá adaptarse en las próximas décadas a un nuevo régimen energético: no será el petróleo, pues, el que nos abandone, será la sociedad industrial, con nuevas tecnologías y nuevas estrategias, la que abandonará el petróleo definitivamente. Los argumentos más economicistas insisten en que los mismos mecanismos financieros expulsarán gradualmente del mercado al petróleo e introducirán otras formas de energía que están ya en nuestro horizonte: biocombustibles, hidrógeno, carbón líquido. Y todo ello en base a una nueva automovilidad impulsada por la electricidad o el gas. Será una nueva época que ya se prepara.

 

Por el contrario, los defensores del «peak oil», en su versión lúgubre, hablan de un declive global de la producción que ya se ha dado, o que se dará dentro de muy poco, y que tomará por sorpresa a las naciones desarrolladas. Es decir, que el ritmo de extracción y producción no bastará para satisfacer una economía que, en ningún caso, habrá sabido dar los pasos para salir de su dependencia del petróleo. Los precios subirán vertiginosamente, lo que podría paralizar todo el sistema o llegar a situaciones de una tremenda tensión bélica. Será una nueva época, pero más bien de terror y miseria.

 

De un lado, los optimistas consideran que el mismo mercado y la iniciativa de los gobiernos están ya reubicando las necesidades energéticas. Que aún tenemos por delante cuarenta o cincuenta años para aflojar nuestra dependencia y reorientar la economía hacia la llamada sostenibilidad.

 

De otro lado, los hubbertianos pesimistas advierten que la sociedad industrial sufrirá un contundente descalabro por que los mercados continúan bombeando petróleo a toda mecha sin que las propuestas de recambio se consoliden.

(…)

Por decirlo de otra forma: los más fieles al «peak oil» tienen motivos para desanimarse. Si esperaban un colapso súbito, tendrán más bien altibajos, frenazos, depresiones, dentro de un prolongado descenso que se parecerá más a un hundimiento interminable. Insistimos, buscar la exactitud del momento cenital se convierte en un pasatiempo cuando lo que realmente importa es analizar como Estados e industrias desdeñan las enormes dificultades que salen a su paso en la búsqueda de un petróleo cada vez más costoso.

Entrevista amb Carlos Taibo en Jotdown

Entrevista amb Carlos Taibo en Jotdown:

Tenemos que buscar una salida del capitalismo, no de la crisis

Alguns extractes:

La pregunta principal que tenemos que hacernos es si necesitamos verdaderamente esos productos y servicios. Si realmente somos más felices viajando cinco o seis veces a lo largo de nuestra vida al lejano oriente o América Central. Yo creo que la mayor parte de las personas acabarán por reconocer que todos esos espasmos de viajes y consumo tienen que ver con carencias básicas en su vida cotidiana, en su vida social. Al margen de esto, me temo que aunque todavía estamos asistiendo a los restos de esos productos baratos, el escenario en el que nos adentramos es muy diferente. No somos plenamente conscientes de que hemos vivido casi 40 años claramente marcados por la condición extremadamente barata de los combustibles fósiles. Como ahora nos adentramos en una etapa completamente distinta, muchas de las teóricas ventajas de estos productos van a empezar a diluirse en la nada, si no están empezando ya. Entonces el sistema necesitará reajustar sus valores y propuestas publicitarias, lo cual puede ser muy delicado porque consistirá en quitarle a la gente o a una parte de la gente algo de lo que creía disfrutar autónomamente.

(…)

(…) deberíamos actuar como lo que él llamaba el “padre de familia diligente”. El ejemplo que proponía era un poco truculento: imaginemos un padre al que le dicen que es muy probable que su hijo sufra una grave enfermedad. Ese padre solo podrá reaccionar colocando a su hijo en manos de los mejores médicos para que determinen si el diagnóstico es certero o no lo es. Lo que no podrá hacer será razonar diciendo: “si es posible que mi hijo tenga una gravísima enfermedad, también es posible que no la tenga, así que me quedaré cruzado de brazos”. Por eso es importante que no dependamos de posibilidades y empecemos a actuar ya. Incluso si es muy probable que aparezcan esas tecnologías liberadoras. (…) Creo que cada vez hay más análisis serios que empiezan a vincular el colapso con el año 2030, lo que querría decir que estas tecnologías podrían llegar tarde y que se podría ver claramente afectadas por el colapso. Esas tecnologías que servirían para solucionar los problemas de la sociedad contemporánea podrían no ser aptas para solucionar los problemas de la sociedad tras el colapso. Por supuesto que yo tampoco tengo ninguna certeza acerca de la fecha exacta de este colapso, pero en cualquier caso, la teoría del decrecimiento invita a la prudencia. Es importante no dejar en manos de elementos ilusorios o posibles aquellos problemas que podemos solucionar si adoptamos estrategias que, pese a no mover el carro del sistema, arreglarían muchas de las situaciones.

(…)

He usado la palabra colapso. La palabra colapso es vital para explicarlo todo. Es tanto más vital, cuanto que no forma parte del discurso de nuestros dirigentes políticos, ni siquiera de los de la izquierda. Si atendemos al discurso cotidiano de Cayo Lara, el colapso no parece existir. No sé si es porque ha decidido cancelar mensajes eventualmente alarmistas o si simplemente piensa que esto no va a conducir al colapso. El propio mensaje de la fuerza política que lidera Cayo Lara es que tenemos que buscar una salida social de la crisis. Tenemos que buscar una salida del capitalismo, no de la crisis. Cuando uno incorpora el concepto de colapso, el diseño tiene que ser mucho más ambicioso. Las urgencias son mucho más imperativas.

(…)

Yo entiendo que cuando se habla de decrecimiento, la primera imagen que nos viene a la cabeza es la de un activista hiperconsciente de un movimiento social hipercrítico, y es lógico. Pero no desdeñemos la posibilidad de que gentes comunes, que no han leído a Serge Latouche y que no forman parte de ningún movimiento social, en virtud de su experiencia cotidiana, lleguen a posiciones muy similares a las nuestras. Me temo que estamos demasiado absorbidos por esa versión que dibuja un ser humano permanentemente ligado con la competición y hay muchos ejemplos en la vida cotidiana que dan ejemplo de todo lo contrario. Debo confesar que no tengo mucha experiencia de hablar sobre decrecimiento ante público no afín. Por lógica, cuando uno va a dar una charla sobre decrecimiento, lo organiza una asociación más o menos afín y el público que acude, no necesariamente tiene que estar de acuerdo en todo, pero siente cierta simpatía. Cuando me he enfrentado con esa realidad de públicos no necesariamente hostiles, pero tampoco afines, me parece que han entendido rápidamente lo del decrecimiento. Lo han entendido hasta el punto en que, muchas veces, sus explicaciones acerca de lo que hacen en su vida cotidiana son mucho más lúcidas que las que surgen de los movimientos sociales hipercríticos. Por eso yo creo que en este terreno —aunque claro, la tarea por delante es muy difícil— el ámbito está suficientemente abonado para que asistamos a respuestas mucho más satisfactorias de lo que intuimos.