Entrevista amb Carlos Taibo en Jotdown

Entrevista amb Carlos Taibo en Jotdown:

Tenemos que buscar una salida del capitalismo, no de la crisis

Alguns extractes:

La pregunta principal que tenemos que hacernos es si necesitamos verdaderamente esos productos y servicios. Si realmente somos más felices viajando cinco o seis veces a lo largo de nuestra vida al lejano oriente o América Central. Yo creo que la mayor parte de las personas acabarán por reconocer que todos esos espasmos de viajes y consumo tienen que ver con carencias básicas en su vida cotidiana, en su vida social. Al margen de esto, me temo que aunque todavía estamos asistiendo a los restos de esos productos baratos, el escenario en el que nos adentramos es muy diferente. No somos plenamente conscientes de que hemos vivido casi 40 años claramente marcados por la condición extremadamente barata de los combustibles fósiles. Como ahora nos adentramos en una etapa completamente distinta, muchas de las teóricas ventajas de estos productos van a empezar a diluirse en la nada, si no están empezando ya. Entonces el sistema necesitará reajustar sus valores y propuestas publicitarias, lo cual puede ser muy delicado porque consistirá en quitarle a la gente o a una parte de la gente algo de lo que creía disfrutar autónomamente.

(…)

(…) deberíamos actuar como lo que él llamaba el “padre de familia diligente”. El ejemplo que proponía era un poco truculento: imaginemos un padre al que le dicen que es muy probable que su hijo sufra una grave enfermedad. Ese padre solo podrá reaccionar colocando a su hijo en manos de los mejores médicos para que determinen si el diagnóstico es certero o no lo es. Lo que no podrá hacer será razonar diciendo: “si es posible que mi hijo tenga una gravísima enfermedad, también es posible que no la tenga, así que me quedaré cruzado de brazos”. Por eso es importante que no dependamos de posibilidades y empecemos a actuar ya. Incluso si es muy probable que aparezcan esas tecnologías liberadoras. (…) Creo que cada vez hay más análisis serios que empiezan a vincular el colapso con el año 2030, lo que querría decir que estas tecnologías podrían llegar tarde y que se podría ver claramente afectadas por el colapso. Esas tecnologías que servirían para solucionar los problemas de la sociedad contemporánea podrían no ser aptas para solucionar los problemas de la sociedad tras el colapso. Por supuesto que yo tampoco tengo ninguna certeza acerca de la fecha exacta de este colapso, pero en cualquier caso, la teoría del decrecimiento invita a la prudencia. Es importante no dejar en manos de elementos ilusorios o posibles aquellos problemas que podemos solucionar si adoptamos estrategias que, pese a no mover el carro del sistema, arreglarían muchas de las situaciones.

(…)

He usado la palabra colapso. La palabra colapso es vital para explicarlo todo. Es tanto más vital, cuanto que no forma parte del discurso de nuestros dirigentes políticos, ni siquiera de los de la izquierda. Si atendemos al discurso cotidiano de Cayo Lara, el colapso no parece existir. No sé si es porque ha decidido cancelar mensajes eventualmente alarmistas o si simplemente piensa que esto no va a conducir al colapso. El propio mensaje de la fuerza política que lidera Cayo Lara es que tenemos que buscar una salida social de la crisis. Tenemos que buscar una salida del capitalismo, no de la crisis. Cuando uno incorpora el concepto de colapso, el diseño tiene que ser mucho más ambicioso. Las urgencias son mucho más imperativas.

(…)

Yo entiendo que cuando se habla de decrecimiento, la primera imagen que nos viene a la cabeza es la de un activista hiperconsciente de un movimiento social hipercrítico, y es lógico. Pero no desdeñemos la posibilidad de que gentes comunes, que no han leído a Serge Latouche y que no forman parte de ningún movimiento social, en virtud de su experiencia cotidiana, lleguen a posiciones muy similares a las nuestras. Me temo que estamos demasiado absorbidos por esa versión que dibuja un ser humano permanentemente ligado con la competición y hay muchos ejemplos en la vida cotidiana que dan ejemplo de todo lo contrario. Debo confesar que no tengo mucha experiencia de hablar sobre decrecimiento ante público no afín. Por lógica, cuando uno va a dar una charla sobre decrecimiento, lo organiza una asociación más o menos afín y el público que acude, no necesariamente tiene que estar de acuerdo en todo, pero siente cierta simpatía. Cuando me he enfrentado con esa realidad de públicos no necesariamente hostiles, pero tampoco afines, me parece que han entendido rápidamente lo del decrecimiento. Lo han entendido hasta el punto en que, muchas veces, sus explicaciones acerca de lo que hacen en su vida cotidiana son mucho más lúcidas que las que surgen de los movimientos sociales hipercríticos. Por eso yo creo que en este terreno —aunque claro, la tarea por delante es muy difícil— el ámbito está suficientemente abonado para que asistamos a respuestas mucho más satisfactorias de lo que intuimos.